“En Venezuela la democracia política se ha convertido en una ficción, se encuentra secuestrada y seriamente amenazada, razón por la cual estimo propicio, en el marco del aniversario de AD, hacer las siguientes consideraciones. AD ha tenido una participación determinante en el devenir político nacional desde su nacimiento el 13-09-41, ha sido un factor fundamental en los cambios y transformaciones (...) que ha experimentado el país y hoy, cuando la democracia peligra, tiene la obligación de insurgir (...) y ello se logra abriendo cauces a una verdadera democracia pluralista. (...) AD supo lograr la integración de todos los sectores de la sociedad en torno a nuevos proyectos políticos innovadores, hoy da la impresión que se han olvidado de sus estructuras programáticas, “ (...) “El futuro de AD hay que despejarlo mediante la implementación de nuevas metas, (...) a pesar de haber cumplido una obra fundamental a lo largo de su historia hoy AD requiere de una revisión profunda de su estructura básica por cuanto su vigencia futura será más exigente, un aspecto importante será el de ahondar en la descentralización partidista para que las bases regionales tengan una mayor participación (...), logrando así un mayor interés (...) de nuevos militantes y el reingreso de aquellos que se encuentran retirados voluntariamente por disentir de la forma asumida para dirigir el partido, (...) la renovación estructural del partido es una necesidad imperiosa en el presente con miras al futuro.” (...) AD debe asumir con seriedad su modernización, (...) con un proyecto serio de renovación estructural, (...) para ello requiere de un partido serio, preparado y que proyecte sentimientos de prosperidad e igualdad de oportunidades para sus militantes y simpatizantes y para todo el país.”
Me pregunto: ¿Qué le pasa a los partidos tradicionales que en su seno proliferan las voces discrepantes, los agravios entre líderes, fracturas en las bases, mientras sus direcciones balbucean excusas y mandan a callar a los disientes? Ante tal situación la ciudadanía muestra recelo y desconfianza hacia ellos, lo que deviene en un distanciamiento ideológico. En el fuero interno de los partidos no hay democracia, no hay generación de relevo, no hay elecciones honestas para designar autoridades.
Hoy se manifiesta la herencia del caudillo secuestrador. No hay participación para nadie fuera del clan directivo. Los partidos representativos de las corrientes filosófico-políticas e ideológicas más importantes del mundo, la socialdemocracia y la democracia cristiana, han abandonado sus principios fundamentales, tales como la tolerancia, el pluralismo ideológico, libertad de pensamiento, el respeto y la unidad, en momentos cuando los retos son muchos: seguridad, salud, educación, empleo, competitividad, solidaridad, seguridad alimentaria, unidad en torno a la defensa de la democracia, etc.
Pienso que es cinismo, inmoralidad, falta de ética política, ironía y burla, manifestarse como defensores de la democracia. “Dime de qué alardeas y te diré de qué adoleces”. Una militancia sin posibilidad de participar activamente en los asuntos políticos que son de su incumbencia directa en sus organizaciones, genera un sentimiento de marginación e indignación, el individuo se ve reducido a un simple espectador pasivo. Esto, lógicamente, origina reacciones en la militancia que se manifiestan en contra de esa infamia mediante la indiferencia, lo que nos hace, políticamente, muy débiles. Necesitamos de partidos que sean herramienta para la moderación y el diálogo constructivo y que ofrezcan perspectivas de futuro, la cual se logra bajo los valores fundamentales de la socialdemocracia y de la democracia cristiana, es necesario reforzar la cohesión y la dimensión partidista para definir prioridades en un esfuerzo compartido por todos. El país avanzará hacia la modernidad, la libertad y la dignidad, en la medida en que los partidos políticos avancen y profundicen su democracia interna. En el fondo, se trata de reinventar la política nacional mediante un modelo progresista para volver a la senda de la prosperidad con un pacto unitario que permita la competitividad y la cohesión política. Debemos cuidarnos de los grupos políticos oportunistas y electoreros, sin ideologías ni éticas, los cuales todos conocemos. Este artículo no es una crítica, es un sentimiento.
PlanetaVenezuela
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