jueves, 30 de julio de 2009

El Gral Flores complice en el asesinato del gral SUCRE

Mancheta de hoy: Me parece que el mediador premio Nobel de la Paz en el caso de Honduras se chispeó los pantalones, patrón. ¿No cree usted? -¡¡Claaaro!! Caracciolo. El, en lugar de abogar por la paz, está incitando a la violencia, cuando dice que si no hay solución puede haber una guerra civil en Honduras. El tenía que colocarse en un punto absolutamente neutral tomando en cuenta por qué fue destituido el señor Zelaya, que no fue sino por irrespetar las leyes de su país cuando quiso modificar la Constitución para perpetuarse en el poder que allá es un delito punible, pero quiso imitar a Venezuela, a donde la impudicia permite toda clase de tropelías contra las leyes sin que a nadie le importe nada. ¿No sería que recibió su maletín y se puso a ver la cosa al revés?... ¡Eso no es raro! Fue que yo lo vi caminando tambaleante. ¿Si? Bueno, es que cuando a uno de esos individuos se le muestra un paquete de esos, se le ponen las rodillas de alfeñique y los ojos como vendedor de prendas. Las comunicaciones por escrito que hemos mencionado antes, dirigidas presurosamente desde Bogotá al general Flores y con el inusitado interés de que éste estuviese informado del avance de los viajeros que se dirigían a Quito, comprometen profundamente al citado general en el alevoso exterminio de la persona del Gran Mariscal, tanto más cuanto que el único perjudicado con la llegada de Sucre a Ecuador era Flores y el único favorecido con la desaparición física de Sucre, era también Flores, de eso no hay duda. Acerca de lo que se traían entre manos estos sujetos, como se dice, Obando invita muy secretamente a Flores a una entrevista en la población de Tulcán y el general le contesta: “Aunque estoy bastante destruido, acepto la entrevista que me propones en Tulcán... Vente pues cuanto antes que juntos acordaremos todo lo que nos pueda interesar y obraremos como hermanos y todos tan amigos como lo es tuyo de todo corazón, Juan José Flores” (Archivo J.B. Pérez y Soto, hoy en la casa natal de Bolívar-Caracas). ¿Qué se proponían acordar en Tulcán Obando y Flores?; ya lo decía la carta que circuló entre estos dos hombres dos meses antes del gran suceso: “Pongámonos de acuerdo, don Juan: dígame si quiere que detenga en Pasto al general Sucre o lo que deba hacer con él”. Quedó demostrado en el juicio que se siguió sobre el crimen que el general Flores hallábase en acuerdo sobre este punto de impedir el arribo de Sucre a Ecuador. Bueno, y si no fue así, habríase negado rotundamente a acudir a la conferencia de Tulcán; habría denunciado, como era su deber, los planes de Obando. Pero hay más: el silencio de Flores sobre las tales cartas de Obando y su precipitación de retirarse a Guayaquil el día de la tragedia. Todo esto constituye prueba irrefutable de su complicidad en el vil asesinato de su muy ilustre coterráneo Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho. Sucre fue asesinado y el actor que meneó el gatillo y que pagó con la pena capital, 12 años más tarde, fue un coronel venezolano de nombre Apolinar Morillo. Esta orquesta tuvo desde afuera dos grandes directores a saber: Francisco de Paula Santander, con las manos lavadas en París y Juan José Flores el que sentando sus reales en Guayaquil, pasó a ocupar la silla presidencial de la nueva república de Ecuador. Ambos quedaron exonerados de culpa en un juicio pírrico en la que la justicia impúdicamente actúo con irreverencia. La conciencia, cuando hace de cuerpo extraño en el alma de los hombres desquiciados, se vuelve convulsa y apresura el fin. (CGEP) El general Flores, después de su segunda presidencia de Ecuador -nos lo dice A. Rumazo G., en su conocida obra- se le desarticula la existencia. Se hace elegir para un tercer período; la nación protesta y lo expulsa (tal y como ha ocurrido hace poco en Honduras). En España se vuelve anti-independentista. Adquiere naves para emprender una reconquista. El gobierno británico le embarga todo cuanto había adquirido para una arriesgada expedición a Sudamérica. El gobierno ecuatoriano le confiscó los bienes. Perú lo acoge y contra Perú se vuelve en junta con el presidente García Moreno y triunfan. Piensa invadir la Nueva Granada; es derrotado en Cuaspud (1863). Un año más tarde ataca a los revolucionarios liberales en Guayaquil y perece en la acción (1864). Hoy, sus coterráneos que no lo conocen, le velan en el bronce frío, el sueño reparador de una vida que comenzó con la virginidad de una flor y terminó con la displicencia de la espina.

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